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Testimonios de formación

Descubriendo a mi Niña Libre

Cuando contacté por primera vez con el Instituto Galene para pedir información sobre el Máster no podía imaginar, ni en mis más elaboradas fantasías, lo que iba a suponer para mi trayectoria profesional, y más importante, para mi crecimiento personal, formar parte de esta aventura humana y académica.


Nunca me he sentido hábil con las palabras para expresar la magnitud de lo que siento y, menos, cuando lo vivido y sentido es como la experiencia de haber realizado este Máster.

Mi formación de postgrado estuvo centrada en los primeros años tras licenciarme, básicamente, en el trabajo con familias y parejas desde el paradigma sistémico. A medida que pasaba el tiempo sentía que me faltaba algo que no estaba encontrando en este enfoque psicoterapéutico. Por esa razón cada cierto tiempo realizaba indagaciones en la red buscando una oferta formativa que se adaptase a mi creciente necesidad de algo diferente, que incluyera algo que sentía que le faltaba a lo que estaba realizando: HUMANIDAD. Me topé con la formación humanista integrativa del Instituto Galene pero por motivos personales esta formación, en ese momento concreto al ser presencial no se adaptaba a mi situación. Sin embargo, a principio del 2010 encontré que la formación se ofrecería en un modelo semipresencial. Supe que había llegado mi momento para aventurarme y descubrir otras formas de hacer terapia. Cuando acudí a la entrevista inicial, requisito para ser aceptada en el máster, no conocía el Instituto. Para mí fue una sorpresa sumamente agradable ver que el espacio en sí mismo era acogedor, tranquilo. A pesar de encontrarse en el mismo centro de mi ciudad, me encontré un remanso de paz. En ese preciso momento sentí que tenía que formar parte de todo lo que me rodeaba. A partir de ese día mi vida estuvo marcada por las gratificantes experiencias que me ha reportado ser parte de la primera promoción de la formación semipresencial del máster.

El inicio fue extraño, al menos así lo recuerdo. En ese tiempo, consideraba que no era una mujer de actividades en grupo. Observaba, analizaba, sopesaba lo que iba a decir, reflexionaba, todo lo que una perfeccionista recalcitrante suele hacer porque es lo que le ha servido hasta el momento para estar entre los otros (más tarde descubrí que era MIEDO a que no me quisieran, que no me aceptasen, aunque ahondar en este punto requeriría un ensayo completo y no es el momento). Sin darme cuenta mis barreras fueron deshaciéndose con amor, comprensión, naturalidad y respeto por lo que estábamos compartiendo en los encuentros de fin de semana. Llegó un momento que sentí que esos encuentros eran necesarios para mi estabilidad personal y profesional. Aprendía a conocerme, a escuchar de otra manera a los otros, a permitirme ser imperfecta, vulnerable, emocional, en fin, persona. Sin querer, poco a poco, iba sanando y lo curioso era que no pensé que lo necesitase.

Las sorpresas no se habían acabado. Descubrí que en mí había un gran tesoro: una Niña Libre, escondida, vulnerable pero ansiosa por salir y hacerse ver. Era yo, y no lo sabía. Mis profesores del Máster, mis compañeros y compañeras, mi terapia personal y mi implicación en el proceso aportaron lo que necesitaba esta Niña Libre para asomar tímidamente. Aún sigue apantallada por mi Niña Adaptada y mi Padre Crítico aunque viene pisando fuerte. Cada día que pasa disfruto más dejándola aparecer, sentir, emocionarse, jugar.

¡Qué gran idea fue embarcarme en este proyecto! Cuando sólo tenía en mente adquirir nuevos conocimientos, aprender nuevas herramientas psicoterapéuticas, abrirme a nuevas formas de ver el mundo que me traían los pacientes a las sesiones, en definitiva, a estar más preparada profesionalmente, descubro con placer que he aprendido algo más importante: a ser una persona más auténtica, más sana. He crecido como ser humano. Me siento más cerca de los otros. Ya no les veo como extraños, como potencialmente “peligrosos”. He humanizado mi estar en el mundo, he enriquecido mi experiencia vital con esta sucesión de vivencias intensas, sorprendentes, en ocasiones, dolorosas y desconcertantes. He formado parte de una matriz grupal llena de energía, amor, consideración y respeto. Hemos formado un cuerpo sano en su imperfección en la que ninguna de las partes sobra.

Hace pocas semanas llegó el final de la formación. Tenía que ser así aunque la certeza de que ocurriera me tenía revuelta emocionalmente durante semanas antes. Personalmente he necesitado realizar una despedida de la relación que he establecido con todo lo que ha significado el máster. Sin embargo, siento con verdadera alegría (emocionándome intensamente cuando rememoro los momentos vividos) que todos y todas formaremos parte los unos de los otros por siempre. Soy feliz por no haberme perdido esta experiencia, mi experiencia. Me voy a tomar un tiempo para integrar todo lo vivido y aprendido que ha sido mucho, muy intenso y muy valioso. Ha sido un regalo increíble. Mi deseo de formar parte de Galene cuando entré por primera vez en el Instituto, se ha visto cumplido con creces. En ocasiones, los sueños se cumplen y se convierten en una realidad maravillosa, como maravilloso, mágico y sorprendente ha sido realizar este Máster compartiéndolo con personas extraordinarias, llenas de luces y sombras, con sueños, con proyectos, con miedos, con amor,…

Sonia Wilt Villar