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Testimonios de formación

Mi experiencia por Sandra Garrido

Un buen día de primavera del año 2009, sentada en mi habitación, me di cuenta de que faltaban escasos meses para terminar la Universidad. Me paré a ver qué quería, hacia dónde quería encaminarme. Tras un rato, contacté con un intenso deseo de viajar y me dirigí al ordenador. Entre todos los destinos posibles que encontré, decidí comprar mi billete al Instituto Galene.

Pasado un tiempo, llegó mi momento de hacer los preparativos. En mi maleta metí de todo; camisetas de manga corta, de manga larga, pantalones cortos, pantalones largos, mudas, sudaderas, abrigos, calzado, aseo, perfume, cartas, cuadros...Todo lo que había estado en mi vida hasta ese momento me encargué de que siguiese conmigo hacia el nuevo destino en el que emprendería mi vida, así que, para asegurarme de que no se me perdiese nada, le puse un gran candado a mi equipaje.

Aterricé, como todo cambio, me llevó un proceso de adaptación y observación. Poco a poco empecé a darme cuenta de que no había lugar más seguro en el que podría haber caído. Me alegró pensar que, quizás, estaba siendo la decisión más acertada de toda mi vida, el sitio más propio para compartir (me), para abrir (me) a los demás y sobre todo, a mí misma.

Transcurría el tiempo y observaba mi equipaje. Había mil y una cosas que me habían llevado a las que dejaba de verles el sentido; el hacedor de burbujas que me regaló mi madre con cinco años, el cual tenía la arandela rota y por más que soplaba y soplaba jamás me permitía hacer pompas de jabón, la foto con mi padre mordisqueada por mi perro, la camiseta de la rana que sacaba la lengua y le encantaba a mis abuelos, que a mí no... y así infinidad de artilugios.

Una tarde de domingo, tirada en el sofá, decidí que había llegado el momento de comprarme una maleta más pequeña y fui aprendiendo a llenarla de tan sólo aquellas cosas que para mí tenían sentido y de aquellos nuevos regalos que me permitían ir más ligera hacia mis futuros destinos. Esta nueva maleta me dio el soporte para adentrarme de otra forma en lo que hoy es mi realidad, mi presente, mi día a día. Considero que esta maleta sigue siendo pesada, pero a la vez me brinda la perspectiva suficiente como para considerar que no necesita candado, y que es más flexible a la hora de querer abrirla para airearla.

Tras dos años, terminó mi estancia en este hermoso lugar; me fui sabiendo que viviría eternamente en mí y estándole tremendamente agradecida por las grandes experiencias y aprendizajes que me había brindado. Si un día alguien me dijese que no sabe dónde ir, le recomendaría este paraíso donde te puedes parar a contemplar (te) el horizonte.

Sandra Garrido trabaja actualmente en Alcea
www.alceapsicologia.com