Soledad en tiempos de hiperconexión

Por: Macarena Chías


Soledad en tiempos de hiperconexión

Si preguntamos a cualquier persona si utiliza alguna de estas redes sociales —WhatsApp, Instagram, TikTok, YouTube, LinkedIn, Telegram, Facebook, Pinterest, Snapchat o Reddit— lo más probable es que nos diga que sí. Sin embargo, si le preguntamos cuándo fue la última vez que habló cara a cara o quedó tranquilamente para charlar con algún amigo o amiga, es posible que nos responda que hace tiempo.

La tecnología está transformando profundamente la manera en la que nos relacionamos y en cómo buscamos soluciones a nuestros problemas. Esto puede ser positivo, como casi todo, dependiendo del uso que hagamos de ella. Lo que genera más dudas es si estamos perdiendo la comunicación directa entre personas, y cómo esta pérdida puede derivar en sentimientos de soledad, desconexión emocional o aislamiento.

Tecnología, relaciones y sensación de soledad

En 2017, la doctora Silvia Leal, experta en tecnología y consejera de la OCDE, publicó un artículo en el que afirmaba:

“En poco tiempo hablaremos más con chatbots o con aplicaciones de inteligencia artificial que con nuestras parejas.”

En aquel momento parecía una afirmación provocadora. Hoy, sin embargo, observamos cómo muchas personas pasan más tiempo interactuando con herramientas tecnológicas o dispositivos basados en IA que compartiendo tiempo con personas de carne y hueso.

En este sentido, coincido con Mario Alonso Puig, quien en una de sus charlas subraya la importancia de adaptarnos a la realidad, aceptar los cambios y encontrar caminos en medio de la adversidad, sin resignarnos a perder lo esencial. Integrar lo nuevo puede ser una oportunidad de crecimiento si no implica renunciar a lo humano. Desde esta mirada, la hiperconexión no debería llevarnos a sentirnos solos, sino a facilitar encuentros y vínculos de calidad.

¿Alguna vez te has sentido solo o sola mientras estabas conectado a través de las redes con todo el mundo?

Hiperconexión y salud psicoemocional

Cada vez se habla más de salud mental —o, más precisamente, de salud psicoemocional— como uno de los grandes desafíos de la sociedad actual. Escuchamos con frecuencia relatos de personas que sufren ansiedad, depresión, estrés o burnout. Detrás de estos términos psicológicos, ¿Qué encontramos realmente?

¿Estrés?, ¿tristeza?, ¿miedo? o, quizá, ¿soledad?

La pandemia fue, sin duda, un factor desencadenante del aislamiento y de la pérdida de la comunicación presencial. En aquel momento, el uso intensivo de la tecnología fue necesario para mantener el contacto y no sentirnos completamente aislados. Sin embargo, desde entonces parece que no hemos logrado desconectarnos, sin advertir cómo este uso continuado puede estar afectándonos negativamente.

Así lo confirma el estudio “SoledadES” de la Fundación ONCE, publicado en 2024, que señala que el 25,5 % de los jóvenes españoles de entre 16 y 29 años se siente solo.

Superficialidad digital y desconexión emocional

En muchos casos, esta sensación de soledad nace de la superficialidad de los intercambios digitales o de la sobreexposición constante. Se intenta mostrar una imagen de perfección que, en el fondo, genera comparación, inseguridad y una vivencia de ser diferente o no encajar. Todo ello puede intensificar el sentimiento de incomprensión y soledad.

Intentar suplir esta soledad puede llevar a una forma de adicción a la hiperconexión, en la búsqueda constante de algún tipo de vínculo. La necesidad de responder de inmediato, la inmediatez permanente, puede provocar una desconexión progresiva de uno mismo, priorizando estar disponible para los demás por encima de atender las propias necesidades emocionales. Parece que hablamos mucho, cuando en realidad, en muchas ocasiones, no estamos diciendo nada.

Existe así el riesgo de olvidar que la conexión no se mide en número de mensajes, sino en presencia emocional. Podemos estar conectados online con muchas personas al mismo tiempo y, aun así, sentirnos profundamente solos.

En esta línea, Pepe Zurita, en su artículo Infodemia, señala que:

“Cuando nos enfrentamos a un flujo constante de noticias, notificaciones, correos electrónicos y mensajes, nuestro cerebro se satura. La sobrecarga cognitiva dificulta la concentración, la toma de decisiones y la retención de información crítica.”

Y mientras tanto, ¿qué ha ocurrido con aquellos familiares y amistades del colegio, la universidad o el trabajo, con quienes antes compartíamos ideas, planes o buscábamos apoyo en momentos difíciles?

Acompañamiento, presencia y vínculo

Sentirse acompañado no depende tanto del número de personas que nos rodean, sino de la calidad de los intercambios que mantenemos con ellas. En muchas ocasiones, acompañar —o ser acompañado— desde el silencio, una mirada empática o una presencia respetuosa resulta más significativo que una respuesta rápida o automática.

La comunicación no verbal, la capacidad de mostrar cómo nos afecta lo que el otro nos cuenta, y la escucha auténtica permiten un contacto emocional que difícilmente puede sustituirse por la hiperconectividad digital.

¿Adicción a la hiperconexión?

Cabe preguntarse si, en algunos casos, estamos ante una auténtica adicción a la hiperconexión. Al igual que ocurre con otras adicciones, esta no satisface una necesidad real de conexión, sino que la anestesia. Evita el contacto con uno mismo y con las propias necesidades emocionales, generando una falsa sensación de compañía.

La soledad, en sí misma, no es algo negativo. Todas las personas necesitamos momentos de soledad para reflexionar, tomar decisiones importantes o descansar. El problema surge cuando se evita sistemáticamente por miedo, utilizando la hiperconexión como una forma de huida.

El acompañamiento terapéutico puede ayudar a redescubrir el valor de la soledad elegida, facilitar el reencuentro con uno mismo y construir un vínculo seguro, basado en el apoyo incondicional, el respeto al proceso personal y la ausencia de juicio. Desde ahí, el cambio se vuelve posible, aunque el inicio pueda resultar difícil.

Aprender a convivir con la hiperconexión

Valorar los aspectos positivos de la hiperconexión sin permitir que nos anule implica:

  • Usar la tecnología como herramienta, no como única alternativa relacional.
  • Priorizar la calidad de los vínculos personales, manteniendo el propio criterio.
  • Aprender a establecer límites sanos, eligiendo cuándo y para qué conectarnos.

En definitiva, la hiperconexión puede permitirnos ampliar nuestra mirada al mundo, siempre que no olvidemos nuestras ideas, nuestras emociones y nuestra forma genuina de estar en relación con los demás.

Macarena Chías

Macarena Chías

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta. Directora de la sede del Instituto Galene de Madrid. Especialista Universitario en Psicopatología y Salud. Máster en Psicoterapia Humanista Integrativa. ECP (Certificado Europeo de Psicoterapia) otorgado por la Asociación Europea de Psicoterapia. Profesora del Experto Universitario en Evaluación e Intervención en Psicopatología Infantil y Adolescentes en Universitat Jaume I de Castellón. Terapeuta Gestáltica, con formación en Análisis Transaccional y Psicoterapia Integrativa. Diplomada en Brainspotting nivel I y II. Miembro de la ATA. Miembro de la EATA. Miembro de honor de APHICE. Subdirectora del Instituto Galene y Responsable del departamento de Psicoterapia. Profesora del Máster de PHI y de Counselling. Coautora de los libros: “El Duelo Terapéutico” y “EmocionArte con los niños.”

Categorías:Psicoterapia

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