Cuando el cuerpo lidera: el movimiento como clave del liderazgo emocional.

Por: Ico Ramos


Cuando el cuerpo lidera: el movimiento como clave del liderazgo emocional.

El límite del trabajo exclusivamente cognitivo.

En el camino de la terapia, del autoconocimiento y del crecimiento personal se repite con frecuencia la idea de que para transformar nuestra vida necesitamos entender(nos) más, analizar(nos) mejor y profundizar todavía un poco más.

Y no seré yo quien niegue la importancia de comprender.

Comprender alivia, ordena, da sentido y abre puertas a la sanación, la reparación y la transformación interna.

Pero también sucede algo más.

Llega un punto en el proceso en el que la mente “empieza a quedarse corta”: la persona ha hecho terapia, ha leído, ha reflexionado, ha participado en formaciones. Ya sabe lo que le pasa. Detecta el origen de sus patrones y de su guión de vida, reconoce el cambio que le convendría hacer y ha dado algunos pasos.

Sin embargo, las personas muchas veces sienten que algo “no termina de moverse”.

Las decisiones siguen pesando, las emociones incómodas reaparecen, los bloqueos continúan vigentes y existe la de: “sé lo que tengo que hacer, pero algo en mí no lo sostiene”.

No falta información. Falta encarnar la experiencia.

Cuando el cuerpo queda fuera del proceso, la transformación se vuelve parcial.

El movimiento como enfoque de intervención.

El movimiento corporal no constituye un “complemento accesorio” del trabajo terapéutico. Es una vía directa de acceso al sistema emocional y nervioso.

Mover el cuerpo no es una metáfora. Es una intervención directa sobre los procesos de autorregulación, percepción y reorganización interna. La integración del cuerpo permite que la transformación no se limite a la comprensión conceptual, sino que se traduzca en cambios sostenibles en la experiencia y en la acción.

Desde esta perspectiva, el movimiento se configura como un puente entre lo que se comprende cognitivamente y lo que se logra sostener emocionalmente en la vida cotidiana.

Cuando la experiencia personal se convierte en enfoque profesional.

Creo profundamente que venimos a enseñar aquello que primero tuvimos que aprender.

Este planteamiento no surge únicamente de un marco teórico. En mi caso, el movimiento no fue una elección profesional: fue una necesidad vital.

Para estar bien, yo necesito del baile tanto como del aire.

No como entretenimiento (que también), sino como forma de regulación y de supervivencia emocional. Un modo de ordenar lo que no sé nombrar.

De niña me encerraba en el salón de casa con la música a todo volumen. Bailaba durante horas coreografías de musicales, Madonna, Michael Jackson…

Ya en la adolescencia, el cuerpo en movimiento fue mi refugio, mi forma de entender el mundo, una manera de sostener lo que no podía explicar.

Con el tiempo comprendí algo esencial: si el movimiento me ayudaba a estar mejor, ¿por qué no iba a ayudar a otras personas?

Ese fue el punto de inflexión de mi camino profesional: unir el acompañamiento socioemocional al movimiento y formarme en disciplinas que integran cuerpo, emoción y energía.

Hoy acompaño a mujeres que abren camino a confiar en sí mismas, liderar sus emociones y tomar decisiones desde un lugar auténtico, coherente, libre y legítimo, a través del movimiento del cuerpo.

El movimiento es un eje transversal del proceso de transformación.

La relevancia del enfoque corporal y su integración en los procesos de acompañamiento.

El cuerpo registra, almacena y expresa información que no siempre es accesible desde la mente. El cuerpo actúa como indicador de aquello que no ha sido integrado y se traduce en:

  • bucle mental persistente
  • ansiedad o inquietud sostenida
  • tensión corporal
  • dificultad en la toma de decisiones y/o en la puesta de límites
  • cansancio emocional
  • sensación de estancamiento entre otras.

Desde una perspectiva neuroemocional, el movimiento corporal facilita procesos de autorregulación del sistema nervioso, disminuye el estado de alerta y facilita estados de mayor claridad y estabilidad interna.

Incorporar el cuerpo al proceso no implica únicamente introducir prácticas físicas, sino generar un espacio en el que la experiencia corporal pueda ser reconocida, interpretada, integrada y sostenida.

El movimiento transforma la comprensión en experiencia.

El cuerpo deja de ser un territorio secundario y se convierte en un aliado consciente que habita el proceso.

Ico Ramos

Ico Ramos

Trabajadora social, antropóloga y counsellor humanista integrativa, especializada en terapia en movimiento y liderazgo emocional.
Nacida en Gran Canaria y residente en Fuerteventura desde hace más de 20 años, acompaña principalmente a mujeres que abren camino a confiar, legitimarse y expandirse sin juicio a través del cuerpo, la emoción y la energía.
Tras más de 16 años trabajando como trabajadora social en la administración pública, decidió dar un giro a su forma de acompañar y creó el Universo RítmICO, un ecosistema de programas y experiencias donde el movimiento, la emoción y la conciencia se integran para generar cambios reales y sostenibles.
Le apasiona viajar, estar con los suyos y reír mucho, porque para ella el bienestar y el liderazgo también se construyen desde el disfrute y la presencia.

Web: https://www.instagram.com/icoramos/
Instagram: @icoramos

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