Carlos Cenalmor

Carlos Cenalmor

febrero 11, 2020 ·
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¿Cómo salir de la DEPRESIÓN?

En este articulo me he propuesto darte una visión de la depresión algo diferente, que te aporte sobre ella un poco más de lo que suele explicarse en las habituales descripciones psicoeducativas. Desde un estricto rigor científico unido a una percepción humana y subjetiva, me gustaría ayudarte a entender un proceso que con toda probabilidad acabarás encontrando o ya te has encontrado, bien en una persona cercana o quizá en tu propia vida. 

¿Qué es la depresión?

Lo más acertado que se puede decir sobre la depresión es que se trata de un síndrome. Esta palabra, en la ciencia médica, se utiliza para describir “conjuntos de síntomas” (1), es decir, síntomas que aparecen con frecuencia asociados pero que no siempre lo hacen por la misma causa. 

El ejemplo que suelo utilizar para explicar esto es el síndrome febril, ya que todos conocemos sus síntomas: la temperatura corporal aumentada -fiebre-, los dolores musculares -mialgias-, el malestar generalizado, la sensación de cansancio -astenia-, la falta de apetito -anorexia- llegando incluso a la pérdida de peso… ¿quién no ha padecido este síndrome alguna vez en su vida? 

Es un síndrome común y que tiene muchas causas posibles, desde una simple infección gripal hasta un infrecuente lupus o un proceso canceroso. Con la depresión nos encontramos en la misma situación, se trata de un conjunto de síntomas que aparecen con frecuencia asociados: tristeza, ansiedad, astenia, falta de energía, insomnio… 

Este conjunto de síntomas, y otros que explicaremos, constituyen lo que llamamos “síndrome depresivo” o a veces “síndrome ansioso depresivo”, un grave problema de salud para la humanidad que en este momento se da en un 9% de la población española aproximadamente (2). Sin embargo, al tratarse de un síndrome, es muy importante tener en cuenta que la causa subyacente puede ser muy diversa y que ante la presencia de este conjunto de síntomas, una persona se puede estar enfrentando a un reto de salud personal muy diferente al de otra con el mismo síndrome. 

Vamos a profundizar en esto.

Causas de la depresión​

Al igual que el síndrome febril aparece como una reacción de nuestro cuerpo a una agresión concreta -el ataque de un virus, de una bacteria, de células tumorales, o incluso un estrés físico o psicológico elevado- el síndrome ansioso depresivo es una reacción psiconeurológica a ciertas agresiones. Con psiconeurológico quiero decir que es una reacción de la mente y el cerebro, ambos son dos caras de la misma moneda, y la moneda puede ser dañada tanto desde una cara como desde la otra. 

Causas psicológicas de la depresión:

Empezaremos hablando de las causas psicológicas, dado que son las más importantes y frecuentes. Las agresiones psicológicas que más suelen llevar al síndrome ansioso depresivo son las pérdidas importantes. 

En mi experiencia, la pérdida de un ser querido, o de una situación social estable, los conjuntos de problemas vitales, los traumas y todas esas situaciones que todos asociamos con un aumento del estrés y la tristeza, son la principal causa del síndrome depresivo en las personas. La mente y el cerebro llegan a un punto en el que no pueden tolerar más malestar, y se inicia entonces un proceso de defensa en busca del descanso y la liberación de tensión, pero que finalmente puede llevar al estancamiento, a un mayor sufrimiento e incluso al riesgo de suicidio. 

La buena noticia es que la mayoría de los procesos depresivos suelen recuperarse, especialmente si la persona recibe apoyo y el tratamiento adecuado. Otro factor psicológico fundamental es la personalidad previa, la cual está condicionada por las experiencias infantiles y adolescentes, la estructura familiar de origen, etc. 

Una personalidad con demasiados lastres tendrá mucha más facilidad para llegar al síndrome ansioso depresivo que aquella que esté mejor adaptada para tolerar los estreses y malestares del día a día. En este punto es donde la psicoterapia es la única que tiene capacidad para realizar cambios y eliminar esos lastres. 

Causas neurológicas de la depresión:

A nivel cerebral, también son diversas las posibles agresiones que pueden llevar a la depresión. Las alteraciones hormonales como el hipotiroidismo, la perimenopausia, y otras situaciones, son causas frecuentes de este síndrome. La anemia -deficiencia de glóbulos rojos-, sea cual sea su causa. También las enfermedades que conllevan procesos inflamatorios crónicos -infecciones de larga duración, procesos autoinmunes como la enfermedad de Crohn, cualquier tipo de cáncer…- aumentan de manera importante el riesgo de padecer depresión, dado que el desequilibrio inflamatorio que las caracteriza acaba afectando al cerebro y produciendo desajustes en los neurotransmisores. 

El cerebro tiene además su propia “personalidad” biológica: los genes. Ciertas familias tienen mayor tendencia que otras a tener depresión, incluso aunque los hijos se hayan criado de manera adoptiva con otros padres. Esto es debido a que los genes familiares que se encargan del funcionamiento cerebral y del estado de ánimo tienen una serie de características que les llevan a ser más vulnerables a la depresión. A día de hoy, es difícil poder predecir los riesgos reales de depresión de una persona a partir de sus genes, ni tampoco existen tratamientos que tengan que ver con la genética cerebral. 

Como probablemente te hayas planteado, muchas de estas causas con frecuencia vienen asociadas: un cáncer no solo supone un desajuste biológico, sino también una importante agresión psicológica; o al revés, los procesos estresantes como pérdidas de seres queridos suelen asociarse a etapas en las que dejamos de cuidarnos y de llevar el estilo de vida saludable que necesitamos. Así, es importante entender esa realidad psiconeurológica que nos caracteriza, que nuestro cerebro y nuestro cuerpo están en plena fusión con nuestra mente, y que esto se aplica totalmente cuando hablamos del síndrome ansioso depresivo. 

Tipos de depresión

La depresión se puede clasificar de muchas maneras, según en que pongamos el foco de atención. Una división clásica la divide en endógena y exógena, siendo la primera la que tiene una causa eminentemente biológica -y que en teoría es más severa- y la segunda la de causa más bien psicológica -en teoría más suave-. En la realidad clínica esta clasificación raramente se cumple, pero nos puede servir para estar abiertos a la observación de ambos tipos de causas. 

Otra manera de clasificarla es según su gravedad, pudiendo separarse en “leve”, “moderada” y “severa”, siendo de utilidad sólo para psicólogos y médicos el pensar en estos términos. En el DSM V (Manual de Diagnósticos Psiquiátricos de la Asociación de Psiquiatría Americana), se clasifica la depresión según su duración e intensidad, apareciendo el “Trastorno depresivo mayor”, el “Trastorno depresivo recurrente” o la “Distimia”. 

En definitiva, cualquier clasificación no es más que una forma de ordenar la compleja realidad que tenemos delante para intentar entenderla un poco más; y esto se cumple claramente en el caso de la depresión, dado que las clasificaciones no han logrado ser un reflejo completo de esa realidad. Así, lo más sabio es usar estas clasificaciones como orientaciones para entender cada caso concreto. 

Y esto nos lleva a la idea previa: que la depresión es un síndrome complejo que puede tener múltiples causas según el individuo. 

Síntomas de depresión

Veamos ahora con más calma los síntomas que constituyen el síndrome depresivo.

Tristeza:

La tristeza es sin duda el más representativo de todos ellos, y casi se entiende -erróneamente- que una persona no puede estar deprimida si no está triste. No hay que olvidar que la vivencia de la tristeza es subjetiva, y hay personas que la expresan y sienten de forma muy particular, en relación a como aprendieron a mostrar y a aceptar sus sentimientos en la infancia. Dicho esto, lo más frecuente es que la tristeza depresiva sea intensa, a veces sin una causa clara, y pudiendo ser fluctuante o constante. 

A la tristeza se le suele añadir la intensa culpa y desvaloración de uno mismo. La culpa es un elemento poderoso, que lleva a la persona a sumirse en la autocrítica, y a hundirse en pensamientos y emociones cada vez más autodestructivos. Alguien con depresión necesita recibir mensajes de valoración y de cuidado, que le ayuden a revertir ese círculo vicioso. 

Ansiedad:

La importancia de la ansiedad en este síndrome suele ser desconocida por el gran público, y por ello me gusta emplear el término de “síndrome ansioso depresivo”. Cuando aparecen los primeros síntomas de ansiedad la persona se puede desconcertar y no caer en la cuenta de que está comenzando una depresión. Esto es algo muy importante a explicar en una primera consulta, para que la persona se sienta orientada y comprendida. 

Se trata de un síntoma muy polimorfo, que puede aparecer con los clásicos ataques de pánico -sensación de ahogo, mareos, miedo intenso y respiración rápida-, de forma más leve y sostenida -nerviosismo constante, inquietud, dificultad de concentración, irritabilidad- o reflejándose en las percepciones corporales -pinchazos, dolores en el pecho, dolor de cabeza, parálisis de miembros o sensaciones de hormigueo, etc.

Otros síntomas:

Otros síntomas son la falta de energía (astenia) con sensación constante de cansancio y tendencia a pasar todo el día en la cama, la falta de voluntad (abulia) con serias dificultades para realizar aquellas tareas que antes eran hábitos sencillos, la falta de disfrute (anhedonia) de actividades que antes nos generaban gran placer o el insomnio en cualquiera de sus formas (tanto de conciliación como de despertar precoz).

Un síntoma que merece especial mención son las ideas de muerte o suicidio que pueden llegar a acompañar cuadros depresivos más graves. A veces el sufrimiento vivido en la depresión es tal que la persona comienza a ver la muerte como una posible liberación. En la mayoría de los casos esto se queda en una simple idea, pero algunas personas sí pueden llegar a realizar intentos de suicidio con grave riesgo. Siempre que aparezcan ideas de muerte se debe buscar la ayuda de un psiquiatra para tener una atención médica especializada y valorar la mejor atención posible. 

Por último, es importante mencionar que la depresión en adolescentes suele presentarse de forma particular. Muchas veces es difícil de detectar, porque en ellos es raro que aparezcan la falta de energía y la tristeza profunda propias de la depresión del adulto: el adolescente deprimido sigue haciendo su vida, va a clase, sale con sus amigos de fiesta y sigue viendo sus series o jugando a sus videojuegos habituales. En ellos es más frecuente percibirla a través de cambios llamativos en su actitud, de exposición a conductas de riesgo no habituales, de problemas constantes en sus relaciones o de una mayor irritabilidad o aislamiento. Por supuesto, si un adolescente comienza a expresar ideas relacionadas con la muerte o se realiza algún tipo de autolesión, deberá ser valorado lo antes posible por un especialista. 

¿Cómo saber si tengo depresión?

Aunque en internet es fácil encontrar test y escalas que intentan ayudar a las personas a “autodiagnosticarse” un síndrome depresivo, es importante señalar que los mismos creadores de todas estas herramientas indican que sólo deben utilizarse en el ámbito clínico de la atención por parte de un profesional. Las escalas son útiles para orientar el proceso diagnóstico o para ir valorando la evolución del síndrome, pero en salud mental ningún trastorno se puede diagnosticar exclusivamente con escalas, sino sólo por la valoración de un profesional. 

Si tras leer el apartado anterior sospechas que tú o alguna persona cercana estáis en riesgo de padecer un síndrome ansioso depresivo, lo más importante es que acudir a un profesional cualificado -psiquiatra, médico o psicólogo-, dado que sólo ellos os podrán dar la adecuada orientación. En consulta se podrá explorar con el tiempo y profundidad necesarias todas las posibles causas y los procedimientos a seguir para el diagnóstico del síndrome. 

Cómo superar la depresión

Retomando nuestro paralelismo con el síndrome febril, al igual que la fiebre y el malestar mejoran con antiinflamatorios independientemente de cuál sea la causa, la depresión también puede mejorar con una serie de tratamientos que son valiosos en todos los casos. Hablaré de tres: la psicoterapia, los fármacos antidepresivos y ciertos hábitos saludables. 

Además, si se conoce la causa concreta del síndrome, también se podrán emplear tratamientos específicos en ese sentido, al igual que empleamos antibióticos cuando sabemos que la fiebre la está produciendo una infección bacteriana. Ejemplos de esto en el síndrome depresivo sería el uso de hormonas tiroideas en el caso del hipotiroidismo, la prescripción de hierro para la anemia, la evitación de elementos estresantes concretos que están produciendo el cuadro, etc. 

Este tipo de tratamiento debe valorarlo y decidirlo el psiquiatra o el médico de atención primaria. 

Psicoterapia: 

Se trata de un arma muy potente tanto si la depresión tiene una causa conocida como si no la tiene. La psicoterapia permite aliviar todos los síntomas a través del acompañamiento, de la elaboración de estrategias de autocuidado, del análisis y transformación de los pensamientos patológicos, la expresión emocional… y, además, es la única herramienta que permite adentrarse en las profundidades de la personalidad para resolver los elementos patológicos que están inclinándonos o directamente lanzándonos a la depresión. 

La evidencia científica es clara en este sentido: sólo el tratamiento con psicoterapia tiene efecto en la reducción de las probabilidades de recaída (3).

Tratamiento farmacológico antidepresivo:

Estos fármacos han probado sobradamente su capacidad para reducir la sintomatología, tanto en los niveles de tristeza como de ansiedad, y aunque se tiende a usarlos como único tratamiento, su verdadero potencial aparece cuando se utilizan en combinación con la psicoterapia. 

En general, son fármacos con muy pocos efectos secundarios para la persona que los toma, pero con unos beneficios importantes en cuanto a la reducción de los síntomas ansioso depresivos.

Cambios de vida:

Existen diferentes estrategias que han probado ser efectivas para la mejoría en la depresión. El deporte es probablemente la más importante, dado que una actividad deportiva estable y frecuente afecta directamente al sistema de neurotransmisores cerebral, produciendo mayores niveles de endorfinas positivas, y por otro lado potencia elementos psicológicos importantes como la autoestima, la sensación de capacidad, de disfrute… que están mermados en el síndrome. La meditación o mindfulness también ha demostrado tener efectos positivos en la depresión. 

Se trata de un hábito de autocuidado, en el que además la persona puede entenderse y aceptarse más, reduciendo los niveles de autocrítica destructiva que suelen ser tan elevados en la depresión. Es importante adquirir horarios y hábitos ordenados, dado que la depresión suele o bien a la inactividad y a la ineficiencia en la vida diaria, o al exceso de actividad y al estrés. 

En esos horarios y hábitos ordenados se incluirían los que ya hemos citado (deporte, meditación…) y también hábitos de ocio y descanso, espacios de socialización con amistades y familia, tiempo dedicado a proyectos personales que den sentido a la vida, espacio para poder cocinar con tranquilidad y elaborar una dieta sana y sabrosa… En definitiva, todos los cambios de conducta que puedan tener un efecto saludable en nuestra vida mental y cerebral. 

¿Cuándo pedir ayuda?

La respuesta es sencilla: siempre. Uno no se plantearía otra respuesta ante un síndrome febril que ya va durando más de lo que suele durar una gripe estándar. He visto muchas personas que acuden a consulta cuando los síntomas depresivos están ya muy acentuados, expresando que no habían venido antes porque pensaban que “era una tontería y ya se les pasaría”. En este sentido, hay que entender que en la sociedad española todavía hay mucha reticencia a solicitar ayuda en el campo de la salud mental, una barrera que ya está muy superada en los países occidentales vecinos. 

Por ello, hay que insistir en la importancia que tiene el propio cuidado de la salud mental y la importancia de pedir ayuda, como haríamos ante cualquier otro problema de salud. Cuando los síntomas aparecen, un profesional cualificado podrá orientarte y darte las herramientas necesarias para que el síndrome no empeore, y ahorrarte así mucho sufrimiento, tiempo, y problemas secundarios que puedan ir asociados a la depresión (bajas laborales, pérdidas salariales, problemas en las relaciones íntimas y sociales, etc.)

Dónde acudir: quién trata la depresión, ¿psiquiatra o psicólogo?

Lo idóneo es que un médico psiquiatra sea el que realice la valoración inicial del síndrome -un médico de atención primaria también está capacitado para ello-. El médico será el que pueda valorar con mayor precisión la gravedad de la depresión, investigar las posibles causas biológicas, solicitar pruebas en caso de ser necesario y ofrecer tratamiento farmacológico si es un caso severo. 

Además, el psiquiatra debería derivar al paciente a un psicoterapeuta (psicólogo sanitario, clínico u otro profesional debidamente formado) para realizar un proceso de psicoterapia, o bien realizar él mismo la psicoterapia (si, igualmente tiene la formación necesaria). 

¿Cómo trabajamos la depresión en el Instituto Galene?

En el Instituto Galene contamos con un equipo multidisciplinar de salud mental, con psiquiatría y psicología, en el que te podremos ofrecer una atención personalizada en caso de que sufras un síndrome ansioso depresivo.

El modelo psicoterapéutico de Galene es la Psicoterapia Humanista Integrativa, una corriente que cuenta con muchos años de evolución y desarrollo, y que se caracteriza por la cercanía, la honestidad y el acompañamiento incondicional. En ella se incluyen múltiples técnicas y posibilidades de trabajo, desde la exploración cognitiva más racional y refinada del Análisis Transaccional, hasta las técnicas de expresión y Trabajo Emocional que pueden ser cruciales para el abordaje de la depresión. Además, se da mucha importancia al abordaje de la personalidad, lográndose en el proceso trabajar muchos de los problemas profundos que están llevando a la persona a la sintomatología depresiva. Como centro, todos nuestros profesionales se han formado seriamente dentro de esta corriente, garantizándose así un tratamiento coherente y de calidad.

 



1. Diccionario terminológico de ciencias médicas, 13ª edición (2005). Barcelona, España. MASSON.

2. Fernández, Fernando & Martínez, África & Martín, Ana & Pérez-Fuentes, María & Molero Jurado, María Del Mar & Gázquez Linares, José. (2015). Prevalencia de la depresión en España: Análisis de los últimos 15 años. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education. 5. 10.1989/ejihpe.v5i2.118.

3. NICE (2004a) Depression: Management of Depression in Primary and Secondary Care. Clinical Guideline 23. London: NICE.

7 respuestas

  1. Estoy pasando por una depresión, y todos los síntomas que hace mención el artículo, son por los que estoy pasando. Sin duda alguna, muy buen artículo, explicado detalladamente.

  2. Aún sigo sorprendida, muchas gracias por este artículo.
    He leído muchos a lo largo de mi vida porque siento y tengo asumido que todo lo que ha descrito, me lleva acompañando toda mi vida.
    Ahora mismo tengo un bajón grande, nunca he tomado antidepresivos, sólo hice una vez psicoterapia y me vino bien para ordenar un poco mis pensamientos y quizás autoreafirmarme.
    Me han mandado fluoxetina pero al tener un tto. con tramadol a dosis altas, por hernias discales y lumbares, desde hace año y medio, tengo un poco de reticencia a tomarlo.
    Sé que este “bajón” es más grande que ninguno, y perdí a mi madre hace ya mismo 21 años y tengo 38.
    Pero esta situación es distinta, se han “roto” muchas relaciones en muy poco período de tiempo, laboral (al darme de baja me despidieron), amorosa, familiar (con mi hermana gemela, por terceras personas, mi padre nunca ha aceptado mi forma de ser y he tenido que alejarme esta vez yo), incluso de amistad, de la niñez…
    Acompañado de dolor físico, pues creo que ya ha colmado el vaso y esta vez he tenido ideas que nunca se me habían pasado nunca por la cabeza.

    Gracias, muchas gracias por describir tan claramente todo, me ha hecho pensar, pero con claridad, al menos ya he dado un paso pidiendo ayuda a mi médico de cabecera.
    Espero poder salir de este pozo y aún más fortalecida.
    Y mucho ánimo a quién se encuentre en circunstancias parecidas.

  3. Gracias por su artículo, me ha ayudado a entender un poco lo que estoy sintiendo. La pérdida de mi hijo por un osteosarcoma, estando a su vez mi marido muy enfermo, y muriendo poco después él me ha llevado a estar más de 10 años encerrada en casa con tristeza y mi memoria y mi mente no están bien, sólo el cuidado de mis dos nietos durante esos años me sacaba un poco de mi situación.
    Cuando mi hija enfermó tuve dos episodios de pérdida de memoria temporal.
    El año pasado comenzaba a sentirme más fuerte, física y mentalmente, pero acaba de morir mi hija por otro maldito cáncer y he retrocedido, he vuelto a sentirme angustiada, perdida e incapaz de recordar nombres, citas, etc. Me cuesta prestar atención a lo que leo o escucho.
    De alguna manera su articulo me ha llevado a comprender un poco mi situación. Gracias de nuevo.

  4. Gracias por este artículo, yo estoy pasando por una depresión de empleo que lastimosamente no encuentro teniendo conocimiento en economía por mis estudios. Gracias por publicar este artículo .

  5. Gracias por el artículo tengo varios meses sintiendo falta de energía, estoy diagnosticada con osteoartritis erosiva y nunca había tenido tanto dolor hasta ahora, después de padecer covid me detonó la enfermedad y lo que más me causa depresión es el acné hormonal que me ha dejado marcas a mis 47 años es difícil, siempre he hecho ejercicio en bicicleta por la falta de energía no puedo, espero salir pronto de esto muchas gracias por compartir.

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